CCOO y UGT nos manifestamos para recuperar los derechos de las empleadas y empleados públicos. Desde el inicio de la crisis nuestras condiciones laborales y los propios servicios públicos se han deteriorado.

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La mayoría de los trabajadores y de las trabajadoras de la rotativa de Prisa han votado a favor del pacto alcanzado entre los delegados y la empresa, que supone el fin del periodo de consultas del ERE extintivo.

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Esperamos que no se repitan las agresiones a los trabajadores de los medios de comunicación de uno y otro signo que se produjeron en Cataluña durante los días de la declaración unilateral de Independencia y la aplicación de 155.

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#AhoraCorreoPúblico

Ante el recorte de financiación, el bloqueo del Plan Estratégico de Correos por parte del Gobierno y el deterioro de las condiciones laborales, CCOO ha alertado de la situación de riesgo de la mayor empresa pública del país y transmite al Parlamento el inminente inicio de movilización entre finales y principios de año.

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La apertura parcial de dos nuevos centros penitenciarios, Ceuta y Archidona, dentro del Plan de Amortización de centros, ha agravado notablemente la situación de falta de personal que padecen endémicamente las prisiones españolas. Desde el inicio de la crisis hay numerosas infraestructuras finalizadas y/o en construcción, sin dotación suficiente de personal para ellas.

Con esta manifestación, convocada por CCOO y UGT, han reivindicado más empleo público, recuperar sus derechos laborales y un salario justo, de manera que se garantice un mejor servicio público a la ciudadanía.

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El 5 de Diciembre es el día en el que CCOO participa en esta campaña que esta realizando la Coordinadora Trabajando en Positivo.

Más noticias

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Imagina un Estado que hiciera efectivo el mandato del Leviatán de Thomas Hobbes de proteger a toda su ciudadanía. Ese Estado habría nacido de una Revolución en la que se hubiera asumido la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, de Olympe de Gouges de 1791, junto con la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 que es la única que se admitió.

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Concentraciones del día 24 de noviembre de 2017 #AhoraLoPúblico

25-11-2017

Concentraciones en todo el Estado del día 24 de noviembre de 2017 Empleo, Salario y Derechos
#AhoraLoPúblico

Concentraciones 24 de noviembre de 2017 #AhoraLoPúblico

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Repensar el sindicato

#ReclamacionTemporales

#ReclamacionTemporales

Documentos

28.07.2017

Del deseo a la realidad: ya me gustaría poder creer en el Pacto de Estado

Si hubiera sido así, se entendería que junto con la idea de que “los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos”, figuraría la de que “la mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos” como escribió Olympe, cuyas afirmaciones la condujeron al patíbulo. Sin embargo, la dominación patriarcal se perpetuó también a través de la Revolución Francesa y consolidó, aún más, una mentalidad social basada en la discriminación y la desigualdad.

Y así, la vida siguió teniendo como base esta mentalidad a lo largo del curso de la historia hasta llegar a nuestros días en los que continuamos viendo cómo las mujeres siguen ocupando una posición social subordinada a pesar de hacer una apuesta constante por mantener situaciones de igualdad. La evidencia más visible y dolorosa del heteropatriarcado es la persistencia de las violencias contra nosotras. Un fenómeno que se condena cuando se expresa en sus excesos: la violencia física y los asesinatos de mujeres, pero que mantiene intactas las raíces discriminatorias en las que esta violencia se sustenta.

Después de escuchar esta mañana las noticias de la radio (desde el minuto 37:25) me pregunto ¿qué poder, independencia, autonomía y credibilidad se nos da a las mujeres? Los hechos son tozudos y puede que no queramos verlo aunque nos los sirvan en bandeja, pero sería bueno pensar ¿por qué se considera que los jueces saben mejor que una madre, que ha sido maltratada, lo que conviene a sus hijos?, ¿qué ha hecho el Estado para proteger a la mujer de Tavernes de la Valldigna que ha sido herida grave por su expareja cuando sobre él pesaba una orden de alejamiento? O ¿no es un trato vejatorio que pregunten en el juicio a una violada por su expareja si cerró bien las piernas cuando la estaban violando?

En el valor y la consideración social que pesa sobre hombres y mujeres pueden encontrarse algunas respuestas. La ley del padre, y de ahí la palabra patriarcado, sigue muy vigente y por eso el magistrado que comenta la noticia de la huida de Juana Rivas responde así o esto explica la escasa aplicación de la suspensión de potestad y del régimen de visitas como medidas judiciales de la orden de protección.

Por otra parte, se ha olvidado que entre las formas de violencia contra las mujeres que menciona Naciones Unidas figura “la violencia física, sexual y psicológica perpetrada o tolerada por el Estado, donde quiera que ocurra” (art. 2 de la Declaración sobre la Eliminación de la violencia contra las Mujeres de Naciones Unidas de 1993) y finalmente, ¿qué decir de la violencia sexual dentro de las parejas? Puede parecer absurdo, pero la reminiscencia del débito conyugal está mucho más instaurada de lo que queremos reconocer y por tanto la propiedad masculina de los cuerpos de lo que los hombres consideran “sus mujeres”.

Si esta es nuestra mentalidad, no podemos esperar milagros. No puede haber un Pacto de Estado contra la violencia de género por parte de un Estado patriarcal. A mi me gustaría creer, pero de veras que la realidad me lo impide.

28.07.2017

Del deseo a la realidad: ya me gustaría poder creer en el Pacto de Estado

Si hubiera sido así, se entendería que junto con la idea de que “los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos”, figuraría la de que “la mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos” como escribió Olympe, cuyas afirmaciones la condujeron al patíbulo. Sin embargo, la dominación patriarcal se perpetuó también a través de la Revolución Francesa y consolidó, aún más, una mentalidad social basada en la discriminación y la desigualdad.

Y así, la vida siguió teniendo como base esta mentalidad a lo largo del curso de la historia hasta llegar a nuestros días en los que continuamos viendo cómo las mujeres siguen ocupando una posición social subordinada a pesar de hacer una apuesta constante por mantener situaciones de igualdad. La evidencia más visible y dolorosa del heteropatriarcado es la persistencia de las violencias contra nosotras. Un fenómeno que se condena cuando se expresa en sus excesos: la violencia física y los asesinatos de mujeres, pero que mantiene intactas las raíces discriminatorias en las que esta violencia se sustenta.

Después de escuchar esta mañana las noticias de la radio (desde el minuto 37:25) me pregunto ¿qué poder, independencia, autonomía y credibilidad se nos da a las mujeres? Los hechos son tozudos y puede que no queramos verlo aunque nos los sirvan en bandeja, pero sería bueno pensar ¿por qué se considera que los jueces saben mejor que una madre, que ha sido maltratada, lo que conviene a sus hijos?, ¿qué ha hecho el Estado para proteger a la mujer de Tavernes de la Valldigna que ha sido herida grave por su expareja cuando sobre él pesaba una orden de alejamiento? O ¿no es un trato vejatorio que pregunten en el juicio a una violada por su expareja si cerró bien las piernas cuando la estaban violando?

En el valor y la consideración social que pesa sobre hombres y mujeres pueden encontrarse algunas respuestas. La ley del padre, y de ahí la palabra patriarcado, sigue muy vigente y por eso el magistrado que comenta la noticia de la huida de Juana Rivas responde así o esto explica la escasa aplicación de la suspensión de potestad y del régimen de visitas como medidas judiciales de la orden de protección.

Por otra parte, se ha olvidado que entre las formas de violencia contra las mujeres que menciona Naciones Unidas figura “la violencia física, sexual y psicológica perpetrada o tolerada por el Estado, donde quiera que ocurra” (art. 2 de la Declaración sobre la Eliminación de la violencia contra las Mujeres de Naciones Unidas de 1993) y finalmente, ¿qué decir de la violencia sexual dentro de las parejas? Puede parecer absurdo, pero la reminiscencia del débito conyugal está mucho más instaurada de lo que queremos reconocer y por tanto la propiedad masculina de los cuerpos de lo que los hombres consideran “sus mujeres”.

Si esta es nuestra mentalidad, no podemos esperar milagros. No puede haber un Pacto de Estado contra la violencia de género por parte de un Estado patriarcal. A mi me gustaría creer, pero de veras que la realidad me lo impide.

28.07.2017

Del deseo a la realidad: ya me gustaría poder creer en el Pacto de Estado

Si hubiera sido así, se entendería que junto con la idea de que “los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos”, figuraría la de que “la mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos” como escribió Olympe, cuyas afirmaciones la condujeron al patíbulo. Sin embargo, la dominación patriarcal se perpetuó también a través de la Revolución Francesa y consolidó, aún más, una mentalidad social basada en la discriminación y la desigualdad.

Y así, la vida siguió teniendo como base esta mentalidad a lo largo del curso de la historia hasta llegar a nuestros días en los que continuamos viendo cómo las mujeres siguen ocupando una posición social subordinada a pesar de hacer una apuesta constante por mantener situaciones de igualdad. La evidencia más visible y dolorosa del heteropatriarcado es la persistencia de las violencias contra nosotras. Un fenómeno que se condena cuando se expresa en sus excesos: la violencia física y los asesinatos de mujeres, pero que mantiene intactas las raíces discriminatorias en las que esta violencia se sustenta.

Después de escuchar esta mañana las noticias de la radio (desde el minuto 37:25) me pregunto ¿qué poder, independencia, autonomía y credibilidad se nos da a las mujeres? Los hechos son tozudos y puede que no queramos verlo aunque nos los sirvan en bandeja, pero sería bueno pensar ¿por qué se considera que los jueces saben mejor que una madre, que ha sido maltratada, lo que conviene a sus hijos?, ¿qué ha hecho el Estado para proteger a la mujer de Tavernes de la Valldigna que ha sido herida grave por su expareja cuando sobre él pesaba una orden de alejamiento? O ¿no es un trato vejatorio que pregunten en el juicio a una violada por su expareja si cerró bien las piernas cuando la estaban violando?

En el valor y la consideración social que pesa sobre hombres y mujeres pueden encontrarse algunas respuestas. La ley del padre, y de ahí la palabra patriarcado, sigue muy vigente y por eso el magistrado que comenta la noticia de la huida de Juana Rivas responde así o esto explica la escasa aplicación de la suspensión de potestad y del régimen de visitas como medidas judiciales de la orden de protección.

Por otra parte, se ha olvidado que entre las formas de violencia contra las mujeres que menciona Naciones Unidas figura “la violencia física, sexual y psicológica perpetrada o tolerada por el Estado, donde quiera que ocurra” (art. 2 de la Declaración sobre la Eliminación de la violencia contra las Mujeres de Naciones Unidas de 1993) y finalmente, ¿qué decir de la violencia sexual dentro de las parejas? Puede parecer absurdo, pero la reminiscencia del débito conyugal está mucho más instaurada de lo que queremos reconocer y por tanto la propiedad masculina de los cuerpos de lo que los hombres consideran “sus mujeres”.

Si esta es nuestra mentalidad, no podemos esperar milagros. No puede haber un Pacto de Estado contra la violencia de género por parte de un Estado patriarcal. A mi me gustaría creer, pero de veras que la realidad me lo impide.

28.07.2017

Del deseo a la realidad: ya me gustaría poder creer en el Pacto de Estado

Si hubiera sido así, se entendería que junto con la idea de que “los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos”, figuraría la de que “la mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos” como escribió Olympe, cuyas afirmaciones la condujeron al patíbulo. Sin embargo, la dominación patriarcal se perpetuó también a través de la Revolución Francesa y consolidó, aún más, una mentalidad social basada en la discriminación y la desigualdad.

Y así, la vida siguió teniendo como base esta mentalidad a lo largo del curso de la historia hasta llegar a nuestros días en los que continuamos viendo cómo las mujeres siguen ocupando una posición social subordinada a pesar de hacer una apuesta constante por mantener situaciones de igualdad. La evidencia más visible y dolorosa del heteropatriarcado es la persistencia de las violencias contra nosotras. Un fenómeno que se condena cuando se expresa en sus excesos: la violencia física y los asesinatos de mujeres, pero que mantiene intactas las raíces discriminatorias en las que esta violencia se sustenta.

Después de escuchar esta mañana las noticias de la radio (desde el minuto 37:25) me pregunto ¿qué poder, independencia, autonomía y credibilidad se nos da a las mujeres? Los hechos son tozudos y puede que no queramos verlo aunque nos los sirvan en bandeja, pero sería bueno pensar ¿por qué se considera que los jueces saben mejor que una madre, que ha sido maltratada, lo que conviene a sus hijos?, ¿qué ha hecho el Estado para proteger a la mujer de Tavernes de la Valldigna que ha sido herida grave por su expareja cuando sobre él pesaba una orden de alejamiento? O ¿no es un trato vejatorio que pregunten en el juicio a una violada por su expareja si cerró bien las piernas cuando la estaban violando?

En el valor y la consideración social que pesa sobre hombres y mujeres pueden encontrarse algunas respuestas. La ley del padre, y de ahí la palabra patriarcado, sigue muy vigente y por eso el magistrado que comenta la noticia de la huida de Juana Rivas responde así o esto explica la escasa aplicación de la suspensión de potestad y del régimen de visitas como medidas judiciales de la orden de protección.

Por otra parte, se ha olvidado que entre las formas de violencia contra las mujeres que menciona Naciones Unidas figura “la violencia física, sexual y psicológica perpetrada o tolerada por el Estado, donde quiera que ocurra” (art. 2 de la Declaración sobre la Eliminación de la violencia contra las Mujeres de Naciones Unidas de 1993) y finalmente, ¿qué decir de la violencia sexual dentro de las parejas? Puede parecer absurdo, pero la reminiscencia del débito conyugal está mucho más instaurada de lo que queremos reconocer y por tanto la propiedad masculina de los cuerpos de lo que los hombres consideran “sus mujeres”.

Si esta es nuestra mentalidad, no podemos esperar milagros. No puede haber un Pacto de Estado contra la violencia de género por parte de un Estado patriarcal. A mi me gustaría creer, pero de veras que la realidad me lo impide.

28.07.2017

Del deseo a la realidad: ya me gustaría poder creer en el Pacto de Estado

Si hubiera sido así, se entendería que junto con la idea de que “los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos”, figuraría la de que “la mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos” como escribió Olympe, cuyas afirmaciones la condujeron al patíbulo. Sin embargo, la dominación patriarcal se perpetuó también a través de la Revolución Francesa y consolidó, aún más, una mentalidad social basada en la discriminación y la desigualdad.

Y así, la vida siguió teniendo como base esta mentalidad a lo largo del curso de la historia hasta llegar a nuestros días en los que continuamos viendo cómo las mujeres siguen ocupando una posición social subordinada a pesar de hacer una apuesta constante por mantener situaciones de igualdad. La evidencia más visible y dolorosa del heteropatriarcado es la persistencia de las violencias contra nosotras. Un fenómeno que se condena cuando se expresa en sus excesos: la violencia física y los asesinatos de mujeres, pero que mantiene intactas las raíces discriminatorias en las que esta violencia se sustenta.

Después de escuchar esta mañana las noticias de la radio (desde el minuto 37:25) me pregunto ¿qué poder, independencia, autonomía y credibilidad se nos da a las mujeres? Los hechos son tozudos y puede que no queramos verlo aunque nos los sirvan en bandeja, pero sería bueno pensar ¿por qué se considera que los jueces saben mejor que una madre, que ha sido maltratada, lo que conviene a sus hijos?, ¿qué ha hecho el Estado para proteger a la mujer de Tavernes de la Valldigna que ha sido herida grave por su expareja cuando sobre él pesaba una orden de alejamiento? O ¿no es un trato vejatorio que pregunten en el juicio a una violada por su expareja si cerró bien las piernas cuando la estaban violando?

En el valor y la consideración social que pesa sobre hombres y mujeres pueden encontrarse algunas respuestas. La ley del padre, y de ahí la palabra patriarcado, sigue muy vigente y por eso el magistrado que comenta la noticia de la huida de Juana Rivas responde así o esto explica la escasa aplicación de la suspensión de potestad y del régimen de visitas como medidas judiciales de la orden de protección.

Por otra parte, se ha olvidado que entre las formas de violencia contra las mujeres que menciona Naciones Unidas figura “la violencia física, sexual y psicológica perpetrada o tolerada por el Estado, donde quiera que ocurra” (art. 2 de la Declaración sobre la Eliminación de la violencia contra las Mujeres de Naciones Unidas de 1993) y finalmente, ¿qué decir de la violencia sexual dentro de las parejas? Puede parecer absurdo, pero la reminiscencia del débito conyugal está mucho más instaurada de lo que queremos reconocer y por tanto la propiedad masculina de los cuerpos de lo que los hombres consideran “sus mujeres”.

Si esta es nuestra mentalidad, no podemos esperar milagros. No puede haber un Pacto de Estado contra la violencia de género por parte de un Estado patriarcal. A mi me gustaría creer, pero de veras que la realidad me lo impide.

28.07.2017

Del deseo a la realidad: ya me gustaría poder creer en el Pacto de Estado

Si hubiera sido así, se entendería que junto con la idea de que “los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos”, figuraría la de que “la mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos” como escribió Olympe, cuyas afirmaciones la condujeron al patíbulo. Sin embargo, la dominación patriarcal se perpetuó también a través de la Revolución Francesa y consolidó, aún más, una mentalidad social basada en la discriminación y la desigualdad.

Y así, la vida siguió teniendo como base esta mentalidad a lo largo del curso de la historia hasta llegar a nuestros días en los que continuamos viendo cómo las mujeres siguen ocupando una posición social subordinada a pesar de hacer una apuesta constante por mantener situaciones de igualdad. La evidencia más visible y dolorosa del heteropatriarcado es la persistencia de las violencias contra nosotras. Un fenómeno que se condena cuando se expresa en sus excesos: la violencia física y los asesinatos de mujeres, pero que mantiene intactas las raíces discriminatorias en las que esta violencia se sustenta.

Después de escuchar esta mañana las noticias de la radio (desde el minuto 37:25) me pregunto ¿qué poder, independencia, autonomía y credibilidad se nos da a las mujeres? Los hechos son tozudos y puede que no queramos verlo aunque nos los sirvan en bandeja, pero sería bueno pensar ¿por qué se considera que los jueces saben mejor que una madre, que ha sido maltratada, lo que conviene a sus hijos?, ¿qué ha hecho el Estado para proteger a la mujer de Tavernes de la Valldigna que ha sido herida grave por su expareja cuando sobre él pesaba una orden de alejamiento? O ¿no es un trato vejatorio que pregunten en el juicio a una violada por su expareja si cerró bien las piernas cuando la estaban violando?

En el valor y la consideración social que pesa sobre hombres y mujeres pueden encontrarse algunas respuestas. La ley del padre, y de ahí la palabra patriarcado, sigue muy vigente y por eso el magistrado que comenta la noticia de la huida de Juana Rivas responde así o esto explica la escasa aplicación de la suspensión de potestad y del régimen de visitas como medidas judiciales de la orden de protección.

Por otra parte, se ha olvidado que entre las formas de violencia contra las mujeres que menciona Naciones Unidas figura “la violencia física, sexual y psicológica perpetrada o tolerada por el Estado, donde quiera que ocurra” (art. 2 de la Declaración sobre la Eliminación de la violencia contra las Mujeres de Naciones Unidas de 1993) y finalmente, ¿qué decir de la violencia sexual dentro de las parejas? Puede parecer absurdo, pero la reminiscencia del débito conyugal está mucho más instaurada de lo que queremos reconocer y por tanto la propiedad masculina de los cuerpos de lo que los hombres consideran “sus mujeres”.

Si esta es nuestra mentalidad, no podemos esperar milagros. No puede haber un Pacto de Estado contra la violencia de género por parte de un Estado patriarcal. A mi me gustaría creer, pero de veras que la realidad me lo impide.

28.07.2017

Del deseo a la realidad: ya me gustaría poder creer en el Pacto de Estado

Si hubiera sido así, se entendería que junto con la idea de que “los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos”, figuraría la de que “la mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos” como escribió Olympe, cuyas afirmaciones la condujeron al patíbulo. Sin embargo, la dominación patriarcal se perpetuó también a través de la Revolución Francesa y consolidó, aún más, una mentalidad social basada en la discriminación y la desigualdad.

Y así, la vida siguió teniendo como base esta mentalidad a lo largo del curso de la historia hasta llegar a nuestros días en los que continuamos viendo cómo las mujeres siguen ocupando una posición social subordinada a pesar de hacer una apuesta constante por mantener situaciones de igualdad. La evidencia más visible y dolorosa del heteropatriarcado es la persistencia de las violencias contra nosotras. Un fenómeno que se condena cuando se expresa en sus excesos: la violencia física y los asesinatos de mujeres, pero que mantiene intactas las raíces discriminatorias en las que esta violencia se sustenta.

Después de escuchar esta mañana las noticias de la radio (desde el minuto 37:25) me pregunto ¿qué poder, independencia, autonomía y credibilidad se nos da a las mujeres? Los hechos son tozudos y puede que no queramos verlo aunque nos los sirvan en bandeja, pero sería bueno pensar ¿por qué se considera que los jueces saben mejor que una madre, que ha sido maltratada, lo que conviene a sus hijos?, ¿qué ha hecho el Estado para proteger a la mujer de Tavernes de la Valldigna que ha sido herida grave por su expareja cuando sobre él pesaba una orden de alejamiento? O ¿no es un trato vejatorio que pregunten en el juicio a una violada por su expareja si cerró bien las piernas cuando la estaban violando?

En el valor y la consideración social que pesa sobre hombres y mujeres pueden encontrarse algunas respuestas. La ley del padre, y de ahí la palabra patriarcado, sigue muy vigente y por eso el magistrado que comenta la noticia de la huida de Juana Rivas responde así o esto explica la escasa aplicación de la suspensión de potestad y del régimen de visitas como medidas judiciales de la orden de protección.

Por otra parte, se ha olvidado que entre las formas de violencia contra las mujeres que menciona Naciones Unidas figura “la violencia física, sexual y psicológica perpetrada o tolerada por el Estado, donde quiera que ocurra” (art. 2 de la Declaración sobre la Eliminación de la violencia contra las Mujeres de Naciones Unidas de 1993) y finalmente, ¿qué decir de la violencia sexual dentro de las parejas? Puede parecer absurdo, pero la reminiscencia del débito conyugal está mucho más instaurada de lo que queremos reconocer y por tanto la propiedad masculina de los cuerpos de lo que los hombres consideran “sus mujeres”.

Si esta es nuestra mentalidad, no podemos esperar milagros. No puede haber un Pacto de Estado contra la violencia de género por parte de un Estado patriarcal. A mi me gustaría creer, pero de veras que la realidad me lo impide.

28.07.2017

Del deseo a la realidad: ya me gustaría poder creer en el Pacto de Estado

Si hubiera sido así, se entendería que junto con la idea de que “los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos”, figuraría la de que “la mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos” como escribió Olympe, cuyas afirmaciones la condujeron al patíbulo. Sin embargo, la dominación patriarcal se perpetuó también a través de la Revolución Francesa y consolidó, aún más, una mentalidad social basada en la discriminación y la desigualdad.

Y así, la vida siguió teniendo como base esta mentalidad a lo largo del curso de la historia hasta llegar a nuestros días en los que continuamos viendo cómo las mujeres siguen ocupando una posición social subordinada a pesar de hacer una apuesta constante por mantener situaciones de igualdad. La evidencia más visible y dolorosa del heteropatriarcado es la persistencia de las violencias contra nosotras. Un fenómeno que se condena cuando se expresa en sus excesos: la violencia física y los asesinatos de mujeres, pero que mantiene intactas las raíces discriminatorias en las que esta violencia se sustenta.

Después de escuchar esta mañana las noticias de la radio (desde el minuto 37:25) me pregunto ¿qué poder, independencia, autonomía y credibilidad se nos da a las mujeres? Los hechos son tozudos y puede que no queramos verlo aunque nos los sirvan en bandeja, pero sería bueno pensar ¿por qué se considera que los jueces saben mejor que una madre, que ha sido maltratada, lo que conviene a sus hijos?, ¿qué ha hecho el Estado para proteger a la mujer de Tavernes de la Valldigna que ha sido herida grave por su expareja cuando sobre él pesaba una orden de alejamiento? O ¿no es un trato vejatorio que pregunten en el juicio a una violada por su expareja si cerró bien las piernas cuando la estaban violando?

En el valor y la consideración social que pesa sobre hombres y mujeres pueden encontrarse algunas respuestas. La ley del padre, y de ahí la palabra patriarcado, sigue muy vigente y por eso el magistrado que comenta la noticia de la huida de Juana Rivas responde así o esto explica la escasa aplicación de la suspensión de potestad y del régimen de visitas como medidas judiciales de la orden de protección.

Por otra parte, se ha olvidado que entre las formas de violencia contra las mujeres que menciona Naciones Unidas figura “la violencia física, sexual y psicológica perpetrada o tolerada por el Estado, donde quiera que ocurra” (art. 2 de la Declaración sobre la Eliminación de la violencia contra las Mujeres de Naciones Unidas de 1993) y finalmente, ¿qué decir de la violencia sexual dentro de las parejas? Puede parecer absurdo, pero la reminiscencia del débito conyugal está mucho más instaurada de lo que queremos reconocer y por tanto la propiedad masculina de los cuerpos de lo que los hombres consideran “sus mujeres”.

Si esta es nuestra mentalidad, no podemos esperar milagros. No puede haber un Pacto de Estado contra la violencia de género por parte de un Estado patriarcal. A mi me gustaría creer, pero de veras que la realidad me lo impide.

28.07.2017

Del deseo a la realidad: ya me gustaría poder creer en el Pacto de Estado

Si hubiera sido así, se entendería que junto con la idea de que “los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos”, figuraría la de que “la mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos” como escribió Olympe, cuyas afirmaciones la condujeron al patíbulo. Sin embargo, la dominación patriarcal se perpetuó también a través de la Revolución Francesa y consolidó, aún más, una mentalidad social basada en la discriminación y la desigualdad.

Y así, la vida siguió teniendo como base esta mentalidad a lo largo del curso de la historia hasta llegar a nuestros días en los que continuamos viendo cómo las mujeres siguen ocupando una posición social subordinada a pesar de hacer una apuesta constante por mantener situaciones de igualdad. La evidencia más visible y dolorosa del heteropatriarcado es la persistencia de las violencias contra nosotras. Un fenómeno que se condena cuando se expresa en sus excesos: la violencia física y los asesinatos de mujeres, pero que mantiene intactas las raíces discriminatorias en las que esta violencia se sustenta.

Después de escuchar esta mañana las noticias de la radio (desde el minuto 37:25) me pregunto ¿qué poder, independencia, autonomía y credibilidad se nos da a las mujeres? Los hechos son tozudos y puede que no queramos verlo aunque nos los sirvan en bandeja, pero sería bueno pensar ¿por qué se considera que los jueces saben mejor que una madre, que ha sido maltratada, lo que conviene a sus hijos?, ¿qué ha hecho el Estado para proteger a la mujer de Tavernes de la Valldigna que ha sido herida grave por su expareja cuando sobre él pesaba una orden de alejamiento? O ¿no es un trato vejatorio que pregunten en el juicio a una violada por su expareja si cerró bien las piernas cuando la estaban violando?

En el valor y la consideración social que pesa sobre hombres y mujeres pueden encontrarse algunas respuestas. La ley del padre, y de ahí la palabra patriarcado, sigue muy vigente y por eso el magistrado que comenta la noticia de la huida de Juana Rivas responde así o esto explica la escasa aplicación de la suspensión de potestad y del régimen de visitas como medidas judiciales de la orden de protección.

Por otra parte, se ha olvidado que entre las formas de violencia contra las mujeres que menciona Naciones Unidas figura “la violencia física, sexual y psicológica perpetrada o tolerada por el Estado, donde quiera que ocurra” (art. 2 de la Declaración sobre la Eliminación de la violencia contra las Mujeres de Naciones Unidas de 1993) y finalmente, ¿qué decir de la violencia sexual dentro de las parejas? Puede parecer absurdo, pero la reminiscencia del débito conyugal está mucho más instaurada de lo que queremos reconocer y por tanto la propiedad masculina de los cuerpos de lo que los hombres consideran “sus mujeres”.

Si esta es nuestra mentalidad, no podemos esperar milagros. No puede haber un Pacto de Estado contra la violencia de género por parte de un Estado patriarcal. A mi me gustaría creer, pero de veras que la realidad me lo impide.

28.07.2017

Del deseo a la realidad: ya me gustaría poder creer en el Pacto de Estado

Si hubiera sido así, se entendería que junto con la idea de que “los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos”, figuraría la de que “la mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos” como escribió Olympe, cuyas afirmaciones la condujeron al patíbulo. Sin embargo, la dominación patriarcal se perpetuó también a través de la Revolución Francesa y consolidó, aún más, una mentalidad social basada en la discriminación y la desigualdad.

Y así, la vida siguió teniendo como base esta mentalidad a lo largo del curso de la historia hasta llegar a nuestros días en los que continuamos viendo cómo las mujeres siguen ocupando una posición social subordinada a pesar de hacer una apuesta constante por mantener situaciones de igualdad. La evidencia más visible y dolorosa del heteropatriarcado es la persistencia de las violencias contra nosotras. Un fenómeno que se condena cuando se expresa en sus excesos: la violencia física y los asesinatos de mujeres, pero que mantiene intactas las raíces discriminatorias en las que esta violencia se sustenta.

Después de escuchar esta mañana las noticias de la radio (desde el minuto 37:25) me pregunto ¿qué poder, independencia, autonomía y credibilidad se nos da a las mujeres? Los hechos son tozudos y puede que no queramos verlo aunque nos los sirvan en bandeja, pero sería bueno pensar ¿por qué se considera que los jueces saben mejor que una madre, que ha sido maltratada, lo que conviene a sus hijos?, ¿qué ha hecho el Estado para proteger a la mujer de Tavernes de la Valldigna que ha sido herida grave por su expareja cuando sobre él pesaba una orden de alejamiento? O ¿no es un trato vejatorio que pregunten en el juicio a una violada por su expareja si cerró bien las piernas cuando la estaban violando?

En el valor y la consideración social que pesa sobre hombres y mujeres pueden encontrarse algunas respuestas. La ley del padre, y de ahí la palabra patriarcado, sigue muy vigente y por eso el magistrado que comenta la noticia de la huida de Juana Rivas responde así o esto explica la escasa aplicación de la suspensión de potestad y del régimen de visitas como medidas judiciales de la orden de protección.

Por otra parte, se ha olvidado que entre las formas de violencia contra las mujeres que menciona Naciones Unidas figura “la violencia física, sexual y psicológica perpetrada o tolerada por el Estado, donde quiera que ocurra” (art. 2 de la Declaración sobre la Eliminación de la violencia contra las Mujeres de Naciones Unidas de 1993) y finalmente, ¿qué decir de la violencia sexual dentro de las parejas? Puede parecer absurdo, pero la reminiscencia del débito conyugal está mucho más instaurada de lo que queremos reconocer y por tanto la propiedad masculina de los cuerpos de lo que los hombres consideran “sus mujeres”.

Si esta es nuestra mentalidad, no podemos esperar milagros. No puede haber un Pacto de Estado contra la violencia de género por parte de un Estado patriarcal. A mi me gustaría creer, pero de veras que la realidad me lo impide.

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