Los retos del sindicato

    Diversos son los retos del sindicato ante las profundas transformaciones que se están produciendo. El mundo que lo vio nacer ya cambió de manera importante, y en estos momentos el proceso evolutivo es tan profundo que modifica de manera irreversible las bases sobre las cuales se constituyó. Hoy, la Revolución Digital no es algo que vendrá un día, sino que la tenemos ya conviviendo con lo que aún subsiste del mundo, modificado de manera importante, fordista; la Revolución Digital empieza a funcionar de manera feroz y con un paso intenso, modificando la Fuerzas Productivas y, con ellas, la Relaciones Sociales de Producción. La economía de plataforma está en plena ofensiva, generándose contradicciones profundas en aquellos ámbitos más evidentes ( taxi…) y quedando a plena luz su verdadera naturaleza (Deliveroo…), que no es sencillo combatir porque su actividad y funcionamiento ni tan siquiera la teníamos prevista en nuestros esquemas mentales ni en muchos ámbitos de nuestros marcos legales.

    14/08/2018. Xavi Navarro, responsable de Estudios y Cultura de FSC-CCOO
    Xavi Navarro

    Xavi Navarro

    El sindicato, que no es otra cosa que la expresión organizada de la clase, debe plantearse de inmediato diversas actuaciones que le permitan avanzar, crecer, reforzar la organización y su papel sociopolítico como instrumento de la izquierda social. Muchos son los retos a los que debe dar respuesta (afrontar cambios significativos en su estructura, sin que ello comporte obviar o diluir realidades, abordar la sindicalización de lo disperso organizando el sindicalismo de plataforma, y plantear modificaciones de entidad en qué comunica y cómo comunica,… ) de manera colectiva, construyendo estas con esquemas profundamente democráticos.

    Difícilmente podrá el sindicato crecer y ejercer el papel que le corresponde si no somos capaces de organizar el malestar, de sindicalizar lo disperso, lo atomizado, lo individualizado. Si no somos capaces de generar los vínculos necesarios, la clase, que hoy está en proceso de mutación y en un estadio subjetivo, difícilmente pasará a alcanzar el estadio objetivo y con él la conciencia de lo que es y significa; y sin ello, la expresión organizada de la clase se resiente profundamente, dando margen para un fuerte crecimiento de lo corporativo y, por tanto, de las opciones que interesan a nuestros antagonistas.

    La conciencia de clase se conforma en diferentes lugares y ámbitos, pero nunca de la misma manera, ya que las experiencias no son uniformes. Hoy tenemos una clase en mutación porque las que la conforman (experiencias) han sido profundamente modificadas, fruto de una nueva realidad.

    Conformar, generar conciencia de clase, viene determinado por diferentes experiencias y culturas compartidas, fundadoras de vínculos emocionales. Y crear vínculos emocionales es uno de nuestros objetivos; diría que una necesidad imperiosa y urgente a la que debemos dar una respuesta o bien aceptar una amarga derrota.

    Uno de los elementos fundamentales para actuar en este sentido, es el lenguaje que utilizamos, cómo lo utilizamos, cómo nos dirigimos a quienes queremos representar. Este es un aspecto fundamental, el comunicativo, que ha de estar en absoluta consonancia con cambios estructurales importantes, de carácter organizativo, que permitan abordar la nueva realidad social y económica. Cambios, que no han de significar renuncia ni hacer tabla rasa, pero sí que han de comportar un cambio intenso y profundo en nuestros modelos organizativos, para poder actuar en un mundo que ya no es nuevo. La economía de plataforma existe, pero no hemos generado el sindicalismo de plataforma.

    Ante esta nueva realidad, la visión tradicional de clase social, basada en unas experiencias determinadas, está cambiando, se diluye, está en un proceso de mutación. Actuar sindicalmente en una economía de plataforma, necesita, más que nunca, nuevos modelos y usos comunicativos.

    El lenguaje, ¿refleja lo que existe o refleja una manera de ver lo que existe? En realidad, es el uso del lenguaje, de terminologías, el que utilizamos para construir una determinada visión de lo que está ocurriendo

    Todos somos conscientes de la importancia de emplear unos términos u otros. Si queremos generar comunidad, conciencia, vínculos, debemos ser muy conscientes de ello, debemos saber qué y cómo transmitir. Mediante el uso del lenguaje podemos influir en las conductas. Cambiar la manera de comunicarnos ayuda a cambiar los modos de pensar y de actuar, puesto que el lenguaje tiene un impacto cognitivo en quienes lo utilizamos, que deriva, a su vez, en un impacto social y político, más aún donde la relación viene determinada fundamentalmente por el mensaje.

    La mayoría de las palabras no tiene un significado fijo e inamovible para todo el mundo, al margen de las definiciones que establezca el diccionario. Por eso encontramos diferentes concepciones sobre qué es cultura, o qué es ser de izquierdas o de derechas. Si una palabra como “democracia” la invocan de manera distinta personas como Trump, Havel, Putin, Berlusconi, Rajoy, Puigdemont…., significa que la palabra en sí tiene tanta precisión como la niebla. Por tanto, nos interesa conocer las estrategias discursivas, más que el léxico, y al mismo tiempo establecer nuestras propias estrategias discursivas, elaborando los mensajes que permitan conectar, vincular emocionalmente, simplificándolo sin desvirtuar el contenido. Lejos de lo panfletario y el postureo, pero sencillo y directo.

    Un lenguaje que acerque, que enganche y, por qué no decirlo, que enamore, de tal manera que las clases trabajadoras sientan y entiendan, quieran, comprendan al sindicato, lo aprehendan, asuman los valores de solidaridad, favoreciendo la conformación de comunidad y sentimientos de pertenencia. En el mundo digital, en la economía de plataforma, el lenguaje, el mensaje, adquieren una importancia impresionante, mayor que nunca.

    Si vinculamos emocionalmente, favorecemos la generación de conciencia y el paso de lo subjetivo a objetivo, y con ello fortalecemos la organización. Hay que enfatizar la idea de que favorecemos, y que, por tanto, necesitamos acompañar estas actuaciones con otras de carácter organizativo, que imperiosamente han de ser complementarias.

    No es porque sí, que esta reflexión la finalice con un poema de Benedetti, porque en nuestro modelo comunicativo que hemos de generar, la felicidad, la alegría… han de ser elementos centrales de nuestros mensajes, en contraposición a lo gris, a lo tedioso, a lo apocalíptico o a la constante negación.

    Vivir en rebeldía, reivindicar la alegría.

     

     

    Defender la alegría como una trinchera

    defenderla del escándalo y la rutina

    de la miseria y los miserables

    de las ausencias transitorias

    y las definitivas

    defender la alegría como un principio

    defenderla del pasmo y las pesadillas

    de los neutrales y de los neutrones

    de las dulces infamias

    y los graves diagnósticos

    defender la alegría como una bandera

    defenderla del rayo y la melancolía

    de los ingenuos y de los canallas

    de la retórica y los paros cardiacos

    de las endemias y las academias

    defender la alegría como un destino

    defenderla del fuego y de los bomberos

    de los suicidas y los homicidas

    de las vacaciones y del agobio

    de la obligación de estar alegres

    defender la alegría como una certeza

    defenderla del óxido y la roña

    de la famosa pátina del tiempo

    del relente y del oportunismo

    de los proxenetas de la risa

    defender la alegría como un derecho

    defenderla de dios y del invierno

    de las mayúsculas y de la muerte

    de los apellidos y las lástimas

    del azar

    y también de la alegría.

    Mario Benedetti

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