Mujeres y política

    Es tiempo de elecciones varias y entramos en campaña. Durante los próximos meses oiremos hablar de la feminización de la política.

    10/01/2019. Begoña Marugán Pintos, adjunta de la Secretaría de las Mujeres de FSC-CCOO
    Mujeres y política. Ilustración de Laura Saz

    Mujeres y política. Ilustración de Laura Saz

    La apelación a la feminización de la política será recurrente y se hará desde diferentes partidos políticos pero su significado casi nunca será coincidente. El abanico interpretativo es amplio e irá desde aquellos partidos que lo utilicen de modo propagandístico como caladero rentable de votos, hasta aquellos otros que estén convencidos de la necesidad de feminizar la política. Ahora bien, en la mayoría de las ocasiones por feminizar la política se entenderá el presentar listas paritarias, algo obligado por la Ley 3/2007, y/o dar una papel protagonista a alguna/s mujer/es.

    La desproporción entre el número de mujeres en la población española, el 53% de la misma, y el número de representantes políticas en todos los ámbitos de representación es papable —40% en el Congreso y 45,08% en los parlamentos autonómicos—, siendo en la administración local algo escandalosa. Solo el 17% de los ayuntamientos están gobernados por mujeres. Es obvio que se necesitan más mujeres en la política de representación y que las mujeres sean los sujetos políticos de dirección de las políticas públicas, pues es triste encontrar discursos que hablan de feminizar la política y partidos que se autodesignan como feministas y observamos cómo algunos “gallitos” luchan cual ave de corral sin dar a ninguna mujer, por mucho que lo merezca, el primer plano.

    Sin embargo, aún siendo necesario este aporte cuantitativo —conseguido en muchos casos porque las reivindicaciones feministas y las de las mujeres en general logran cada vez mayor visibilidad— la apuesta es insuficiente. El temor de que la denominada nueva política olvidara el feminismo como eje organizativo y programático, llevó a decenas de feministas a apoyar meses antes de unas elecciones generales un Manifiesto por la integración del feminismo en los procesos políticos. Con este documento se pretendía que “las prácticas y perspectivas feministas fueran de verdad troncales a cualquier proceso de transformación y se reconociera el trabajo del movimiento feminista”.

    Es importante que se preste mayor atención a algunos problemas específicos que afectan a las mujeres, como la lucha contra la asunción obligatoria de los cuidados y las violencias machistas, pero en general no sólo se trata de introducir temas nuevos o dar más prioridad a los de siempre, sino de cambiar el foco. El Manifiesto por la integración del feminismo en los procesos políticos también planteó la necesidad de “construir una práctica política y económica centrada en la sostenibilidad de la vida de las personas y del planeta”.

    La feminización de la política tiene que ser cualitativa e introducir otras miradas, un tratamiento distinto y un modo de hacer y gestionar diferente, pero desplazando la lógica economicista del beneficio en el diseño del programa. Las personas y el bienestar de éstas se deben situar en el centro de las propuestas. El sostenimiento de la vida es un eje fundamental de la economía, sin embargo, parece que este sostenimiento sólo recae en las mujeres obligando a éstas a asumir una doble a carga. Una situación históricamente injusta que se ha visto reforzada por la crisis actual en la que se ha desplazado a los hogares la atención y cuidados de las “personas dependientes” que el Estado ha dejado de atender. Lo que supone un aumento del trabajo de cuidados para las mujeres. Ante esta situación es imprescindible adoptar medidas para la creación y mejor distribución de recursos, sin dejar de atender a las políticas de reconocimiento. Acabar con el reduccionismo que supone entender la familia únicamente como la nuclear heterosexual tradicional es fundamental, además de extender el reconocimiento de los derechos de ciudadanía a TODAS las personas.

    En las últimas legislaturas “la presencia pública de las mujeres ha hecho aflorar la enorme diversidad que hay también entre nosotras, ha roto una pretendida identidad esencialista del «ser mujer» y nos ha convencido de que un cuerpo femenino puede albergar sujetos muy dispares y algunos profundamente aborrecibles” (Galcerán, 2015). Por tanto, no se trata tanto de que la nueva política aparezca con rostro de mujer, sino que se produzca una feminización de las instituciones a partir de unas lógicas distintas y de unas maneras diferentes. La feminización de la política tiene que ser cualitativa e introducir otras miradas, un tratamiento distinto y un modo de hacer y gestionar diferente. Pues a ello.

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