Carmina Belmonte, la primera alcaldesa de una capital de provincia

    Carmina Belmonte Usero.- Licenciada en Filosofía y Letras y doctora en Pedagogía, acaba de jubilarse como profesora de la Facultad de Educación de la Universidad de Castilla-La Mancha, en Albacete.

    07/03/2019. Entrevista realizada por Carmen López López
    Carmina Belmonte Usero, primera alcaldesa de capital de provincia en España

    Carmina Belmonte Usero, primera alcaldesa de capital de provincia en España

    En las elecciones del 26 de mayo de 1991, fue elegida alcaldesa de Albacete como independiente en la candidatura del PSOE. Ganó las elecciones, obteniendo mayoría absoluta (14 concejales) y se convirtió en la primera alcaldesa de capital de provincia de España elegida en elecciones. Es curiosa la referencia de Wikipedia pues, además de su situación familiar, hace referencia a otras dos mujeres de su familia, su madre y su hermana. “Es hija de la etnógrafa Carmina Useros y hermana de la soprano Elisa Belmonte”.

    No se presentó a la reelección en las elecciones del 18 de mayo de 1995. El 8 de marzo de 2007 fue reconocida por el Gobierno de Castilla-La Mancha en el Día de la Mujer. Fue la primera mujer en hacer ver a las sociedad española que la política local no solo era cosa de hombres. No dejó nunca de lado su lucha por la igualdad de la mujer. Fomentó la participación ciudadana en general y de la mujer en particular. Entre sus legados, la creación de algo desconocido para la mayoría de las ciudades hasta el momento: la Concejalía de la Mujer.

    Tu decisión para ser candidata fue muy meditada y valorada. Te costó y no lo decidiste en un principio.

    Pues me costó mucho decidirme, me costó más de un mes decir que sí. Me tuvieron que llamar para decirme que tenía que decidirme porque no entraba dentro de mis proyectos dedicarme a la política directamente, pero pensé dos cosas, aunque fundamentalmente lo que me decidió fue pensar que había una oportunidad que una mujer estuviera en un cargo como este y que si decía que no, estaba casi segura que se lo decían a un hombre, con lo cual me parecía que tenía la obligación moral. La segunda cosa es que hay un proverbio francés que dice que más vale que te arrepientas de lo que has hecho, que te arrepientas de no haber hecho. Y dije... bueno, pues hacia adelante.

    Es un motivo muy importante, la lucha de las mujeres durante años. También, aportaste una perspectiva de género en las instituciones.

    Me pesó bastante. Cuando me presenté, no era una persona que tuviera muy clara determinadas cosas, como por ejemplo la cuota. No lo tenía muy claro hasta que llegué, cuando me di cuenta de que sí porque a las mujeres se nos miraba con un rasero diferente y que si a los hombres no se les imponía un 25%, no iban a dejar ningún espacio. Siempre a partir de ese momento he defendido la cuota. Respecto a la concejalía de la mujer, era muy ingenua y pensaba que los compañeros socialistas, si les decía que las cosas había que hacerlas con perspectiva de género, lo iban a hacer. Y claro, me di cuenta de que no, y ahí fue cuando creé la primera Concejalía de la Mujer de Albacete.

    Fue la primera vez que hubo una concejalía de las mujeres. ¿Cómo proyectaste la Concejalía de la Mujer?

    Primero quiero recordar algo porque, sin la perspectiva del tiempo, es difícil entender las cosas. Hace de esto 26 años, las cosas no eran lo que son ahora, era mucho más difícil conseguir algo. Lo digo porque para algunos a lo mejor lo que conseguimos sería muy poquito, pero visto desde el momento en que se realizó, yo creo que se consiguieron cosas, pero era difícil. Fundamentalmente lo que se hizo fue promover que las mujeres se manifestaran, que se hicieran asociaciones de mujeres y que tuvieran voz. Además, se creó el Consejo municipal de la Mujer, que entonces revisaba distintos aspectos de lo que se hacía en el Ayuntamiento. Fue mucho más tímido de lo que ahora, visto con perspectiva, me hubiera gustado que fuera, pero creo que sí que se hicieron cosas.

    La falta de perspectiva existía. Como anécdota recuerdo que en una promoción de viviendas que hacía el ayuntamiento, cuando me presentaron los proyectos dije: “¿dónde se tiende?” Y claro, se quedaron todos los técnicos con la boca abierta. “Claro, si decimos que no queremos tenderetes en los balcones, tendremos que dejar que la gente tienda. ¿O que pensáis?, ¿qué todo el mundo va a tener secadoras?” Por eso digo que son pequeñas cosas, porque comenzar es mucho más difícil que seguir una vía que se ha abierto.

    Hay otras anécdotas, como la primera vez que fui a un acto de un determinado colectivo y las mujeres tomaban café en un sitio porque eran las “mujeres de”. Yo era la única mujer, entonces las “mujeres de” vinieron a decirme que me fuera a tomar un café con ellas. No les dije que no, pero no me fui, ¿por qué? Porque una de las cosas que pienso es que a veces, desde determinado feminismo, no se ha entendido que a algunas mujeres no se las podía violentar, sino que había que intentar convencerlas con actuaciones pero no denigrando lo que estaban haciendo. A veces no habían tenido más oportunidades de hacer otras cosas. Fueron suficientemente listos como para darse cuenta y al año siguiente el café fue único. Por eso digo que son pequeñas cosas, pero creo que sí se abrió una brecha en el sentido de que se nos tratara de otra manera. En la mayoría de reuniones que teníamos, tanto a nivel local como regional, yo era la única mujer. En España había tres alcaldesas: Valencia, Guadalajara un tiempo, porque fue de Izquierda Unida sólo dos años por un pacto, y yo. Yo fui la única que salió elegida directamente.

    Con todos hombres y tu la única mujer, ¿te costaba hacerte oír?

    La verdad que muchas veces lo que me he planteado es que como no he sido nunca hombre, no se lo que le hubiera costado a un hombre. Yo creo que hacerme oír no tanto. Otra cosa es que se escrutaba mucho más a una mujer que a un hombre, eso sí que puedo decir que creo que se era mucho más duro juzgando a una mujer que a un hombre, pero sí que dentro de las anécdotas, pues a mí me gustaba muy poco comer fuera de casa pero muchas veces no tenías más remedio que hacerlo y cuando ponían un vino cuando alguien decía “¿quién lo prueba?”, contestaba que yo, porque me daba mucha rabia pensar que tenían que ser los hombres. ¿Por qué tengo que cederles yo a los hombres el que hagan determinadas cosas?

    Fuiste la primera mujer que entraste en el Ayuntamiento, que siempre ha tenido una estructura de trabajadores y trabajadoras muy grande, los sindicatos, ¿Cómo fue tu relación?

    Yo creo que no fue mala, quizás no fue todo lo intensa que hubiera debido ser, pero lo que ocurre es que cuando estás en el Ayuntamiento tienes tantas cosas que hacer y, sobre todo, cuatro años es muy poco tiempo. Cuando empiezas a darte cuenta de cómo funciona y de las cosas que querías hacer de otra manera, te vas. En este sentido sí tenía relación con ellos, y bueno, ningún trabajador del ayuntamiento ha tenido dificultades para verme. Es más, muchas veces algunos funcionarios me decían que me veían con más facilidad que veían al concejal del área. En absoluto fue mala la relación pero tampoco fue excesiva, porque además es que no tenía tiempo. A la hora de salidas, de actos, no tuve el apoyo por parte de concejales que hubiera debido tener, con lo cual, yo cargué sobre mí muchísimas cosas y a lo mejor la gestión del día a día la llevaban los concejales porque yo estaba más en la calle.

    ¿Entonces fue una gestión difícil por falta de apoyo y de recursos?

    Yo creo que era por muchas razones. Alguna, como he dicho públicamente en otros sitios, es que no tuve el apoyo del Partido Socialista que me hubiera gustado tener. ¿Por quién fue? Pues una cosa es que fuera por parte del aparato, que me imagino que al final no les gusté o no respondí a lo que ellos pensaban, pero por parte de los concejales, había mucha gente nueva y creo que también se sentían un poco desbordadas. Y luego algunos quizá no entendieron lo de estar disponibles para todo como yo lo entendía. Otros no podían, porque no hay que olvidar que la mayoría de concejales trabajaba además de ser concejales, que a mí me parece que es una barbaridad. Creo que hay una demagogia en el tema de los cargos políticos contra la que estoy totalmente en desacuerdo.

    En aquella época fui a Vitoria porque quería ver una serie de cosas que habían hecho muy interesantes. De hecho, me invitaron a un pleno y estando yo en ese pleno se aprobó el matrimonio homosexual. Me dijo el alcalde de Vitoria que las y los concejales, tanto en la oposición como Gobierno, estaban liberados porque tienen que estar totalmente en función de lo que necesitan los ciudadanos y yo sigo estando de acuerdo en esto. Me parece que es un error, porque tal y como se organizan las cosas los concejales que tienen otro trabajo, tienen muy poco tiempo para poder dedicarse, y lo hacen más a la burocracia, que es imprescindible para resolver problemas, las firmas, las decisiones, que a escuchar y a estar con la gente, pero es que no tienen tiempo. Yo sigo defendiendo que fuesen todos liberados, ahora eso sí, que ningún ciudadano entrase en el ayuntamiento y no saliera atendido. Muchas veces he propuesto que tenía que haber un turno de guardia, para que siempre un ciudadano fuera atendido. Siempre les he dicho al equipo de gobierno: “vosotros espabilaros, porque si no sois vosotros, no se entiende quien los reciba, pero que no se salga nadie sin ser recibido”. Para eso tienes que tener concejales que estén disponibles. No puedes tener a gente que trabaje siete horas en un trabajo y que luego se vaya al ayuntamiento.

    En aquella época había un 23% de paro y había días que recibías hasta 15 personas que venían a pedir trabajo y salían sin él. En los ayuntamientos, hace tantos años, la gente pensaba que el alcalde los iba a colocar.

    Lo cuento como lo peor que he vivido, era angustioso para mí. Se pensaba que “si usted quiere...”, no se trata de que yo quiera, se trata de que hemos puesto unas normas, hemos puesto unos baremos. Había una cosa que aprendí en el ayuntamiento que me sigue sirviendo muchísimo para mi vida actual: “ponte en el lugar del otro”. Entonces cuando entraba alguien todo apurado, yo le entendía, le decía “si yo fuera usted, estaría aquí y seguro que estaba pidiendo lo que usted está pidiendo o más”. Entonces intentaba que la gente se sintiera cómoda aunque tuviera que irse con el “no”, y curiosamente algunos concejales me decían que no les dijera que no, y es que yo no quiero mentir.

    Has hablado del apoyo, ¿existían asesores?

    Yo no tenía ningún asesor. Entonces se trabajaba con mucha precariedad, por eso os digo que es muy difícil juzgar con la mente de ahora lo que hicimos entonces. Yo tenía un secretario y un administrativo que ayudaba al secretario, y después había un jefe de prensa para todos, para la alcaldía y para todos los grupos políticos. Cada grupo tenía una persona y nada más, no había más personal en el ayuntamiento, y los que yo tenía, menos el jefe de prensa, los demás eran todos funcionarios. Precario, mucho, por ejemplo el chófer. Tuve muchísimos problemas para encontrar un chófer con el que me sintiera cómoda. ¿Es tan malo que hubiera una persona de confianza llevando un coche? Pues creo que no. El chófer se entera de muchas cosas, salvo que tengas la habilidad de no hablar de nada si vas en un coche, por eso ahora mismo parece que como algunos políticos han hecho cosas que no nos gustan, los políticos no son buenos, y claro, los ciudadanos que dicen esto es que son perfectos y son intachables. Me parece una vergüenza lo que estamos haciendo denigrando la política. Me parece muy bien ser rigurosos pero estoy absolutamente en contra del ataque furibundo que hay contra cualquiera que se dedique a la política.

    Has dicho de tener asesores, alguno en particular, hay una crítica muy grande por un lado por los excesos que se han producido y por otro, la propia izquierda, está retirando y renunciando a determinadas cuestiones, ¿crees que a lo mejor no es buena tanta renuncia?

    Claro que no. Por eso digo que no nos tenemos que avergonzar. Lo que hay que hacer es diferenciar lo necesario de lo superfluo y hay que explicar. Lo que falta en política es explicar de verdad las cosas que se hacen y por qué se hacen. Falta muchísimo, porque ahora lo que hay es descalificación sin argumentos. Eso me parece terrible. Si se explican las cosas, a veces se entienden, pero claro, para explicar las cosas, tienes que tener tiempo y tienes que hablar, y los medios te tienen que dejar, porque a los medios no les interesa. Les interesan los titulares, sobre todo los que ataquen. Ningún titular positivo les interesa y ese es uno de los grandes problemas. Los medios que, al dar la información sesgada, falsean la realidad. Ahora mismo es ejemplar todo lo que sea que la gente vea como machaquen políticos, y me parece que nos estamos equivocando totalmente. También es verdad que hay cosas que no son aceptables, por ejemplo pienso que no es aceptable que un diputado por estar dos mandatos cobre una jubilación.

    Es verdad que la situación de hace 20 años ha cambiado, pero ahora hay dos alcaldesas muy mediáticas, Manuela Carmena Castrillo y Ada Colau Ballano. ¿Crees que por ser mujeres se les estigmatiza más que si fueran hombres?

    Por supuesto, yo creo que siempre los juicios que se hacen sobre las mujeres son mucho más duros que los que se hacen sobre los hombres. Si fuéramos capaces de analizar las declaraciones de hombres y mujeres sin saber si son hombres o mujeres quienes las han hecho, estoy convencida de que no sería lo mismo. Es curioso, alguna vez se ha oído decir “el Gallardón”, pero si se oye decir “la Carmena”, para mí es una forma diferente de tratar sólo con eso. Y es así, a los hombres se les trata de una manera, a las mujeres ¿cuántas veces se les llama por el nombre y no por el apellido? Lo que parece cercanía no es tal. Yo creo que también ahí las mujeres tenéis que tener cuidado y no confundir cercanía con lo que se considere el cargo que tienes. Una cosa eres tú como persona, que puedes hacer lo que quieras, pero si tienes un cargo, se te debe el respeto que exige el cargo por quien representas, no por ti. De todas formas, se ha avanzado bastante y una de las cosas que a mí me da pena es no reconocer los errores y, sobre todo, porque parte de la crisis que tenemos ahora es pensar que no se avanza y, si pensamos que no se avanza, entonces negamos el esfuerzo de la gente que nos ha precedido y eso a mí también me parece muy malo.

    Me has dicho antes que hay que verlo desde la perspectiva de hace muchos años, ¿qué aconsejarías desde la perspectiva actual?

    Pues no puedo contestar, porque no estoy metida directamente, pero quizá tendría que estar más al tanto de los grandes problemas de diseño de la ciudad. Yo creo que los colectivos de mujeres tendrían que estar más implicados en los diseños de la ciudad porque es el futuro de cómo vamos a convivir unos con otros y ahí es donde nos retraemos más. Por eso te digo que empezamos tímidamente pero creo que ahora mismo debemos meternos mucho más en urbanismo, pero esto lo tenemos que hacer como nuestro de las mujeres, y yo creo que es lo que nos falta, el paso que falta es que las mujeres participen en el diseño de la ciudad.

    ¿Cómo valorarías entonces tu experiencia de alcaldesa?

    Para mí fue muy dura, fue durísima, lo que pasa es que al final siempre recuerdas lo bueno y siempre digo que tengo que dar muchísimas gracias a la ciudadanía por haberme permitido ser la alcaldesa de la ciudad. Es una experiencia que muy poca gente tiene, es enriquecedora a más no poder, conoces todo lo bueno y todo lo malo del ser humano. Es un aprendizaje enriquecedor y no me arrepiento. Desde luego, sí que me arrepiento de haber hecho algunas cosas, como ser demasiado estricta. Mi familia pagó demasiado.

    ¿Crees que es por tu propia personalidad o porque las mujeres en sí somos demasiado rígidas en estas cuestiones?

    Yo creo que las dos cosas. Creo que somos más rígidas, en general, y luego yo soy muy rígida conmigo misma. Pero en general sí, creo que las mujeres tendemos mucho más a ver lo que hacemos como un servicio, no quiero menospreciar a los hombres en general, porque la mayoría lo hacen como servicio, por supuesto, pero hay más hombres, muy felices de lo que hacen en el cargo, que mujeres. Creo que las mujeres en general somos más conscientes de la responsabilidad que tenemos.

    Tus hijas serían pequeñas en aquella época. ¿Alguna pregunta impertinente?

    Pues fíjate, eran pequeñas pero, ya mayores, porque la pequeña tenía 11 años y la mayor 15 o 16, lo pasamos muy mal porque la gente es muy cruel y se metieron con ellas. Ellas tuvieron la delicadeza de no decirme nada hasta que no había pasado un tiempo en el que yo había dejado el ayuntamiento. Me enteré después de que lo habían pasado horriblemente mal, porque se metieron con ellas. Yo salía con ellas muy pocas veces porque no tenía tiempo y, las poquísimas veces que me veían con ellas, la gente se paraba para decirme cosas desagradables. Creo que hay que tener un poco de delicadeza también. Mis hijas me dijeron que no querían salir más conmigo a la calle

    ¿Crees que se lo hubieran hecho a un hombre si sale con sus hijos y va al parque?

    No, a los hombres se les dice ”mira qué bien, qué estupendo, que los saca”. Un día estaba comprando en una frutería donde iba habitualmente, se me queda mirando una mujer y dice… “pero caray, cómo se parece esta mujer a la alcaldesa”, y la frutera le dice “no es que se parezca, es que es ella”.

    En definitiva, ¿el trato fue diferente?

    Hay una cosa que supongo que en parte es por ser mujer y también por mi carácter. Las relaciones en el ayuntamiento entre los concejales fueron muy buenas a pesar de tener diferencias ideológicas, porque yo me esforcé mucho por que las relaciones personales fueran buenas. No he tolerado nunca que se menosprecie a un concejal de la oposición estando yo delante, porque les recordaba si llegaba a un barrio que era muy marcadamente de un signo y veía a un concejal de la oposición en un acto del barrio en un rincón, me he llegado a bajar, lo he cogido y lo he subido y les he dicho: “no me lo hagáis otra vez porque esto no es así. Tan representante es de todos vosotros como los demás”. Creo que la educación cívica y la educación es también competencia de los políticos. La falta de respeto la trasladas a la ciudadanía, es un embroncamiento continuo.

    La primera mujer alcaldesa y, como tal, ha pasado por muchas vicisitudes propias de su sexo. El trato recibido no deja lugar a dudas de la diferenciación que se hacía por ser mujer y, aunque hemos avanzado, tal y como ella misma reconoce, seguimos encontrando situaciones similares con respecto al trato que recibimos las mujeres. Como Carmina dice a lo largo de su entrevista, sigamos trabajando. Son pequeñas cosas que nos proporcionan grandes mejoras y, gracias a ella y a todas las mujeres que trabajan en el día a día, podemos ir progresando en igualdad.

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