“Siempre hice lo que había soñado hacer”

  • Laura del Río, una de las pioneras del fútbol femenino

Laura del Río. Futbolista, ha militado en el Levante UD, CE Sabadell, FC Indiana, FFC Frankfurt, Boston Breakers y Philadelphia Independence, obteniendo tres Superligas, cuatro Copas de la Reina y un Subcampeonato de la WLS.1 de EEUU. Con la selección española absoluta ha disputado cuarenta encuentros, en los que anotó treinta y nueve goles. Fue la máxima goleadora del Campeonato Europeo Femenino Sub-18 de EUFA.

07/03/2019. Entrevista realizada por Begoña Marugán Pintos
Laura del Río, una de las pioneras del fútbol femenino

Laura del Río, una de las pioneras del fútbol femenino

¿Cuándo y cómo empezaste a hacer deporte?

Desde muy pequeña, siempre he sido muy activa. Mi hermano hacía kárate y me apunté con él y con mi primo. Luego me apunté con él a gimnasia deportiva y como siempre jugaba con sus amigos al fútbol, pues yo me iba con él a jugar al fútbol.

¿Cuántos años tenías entonces?

Tenía unos 9 o 10 años. Luego, iba a clase y al mediodía hacíamos gimnasia deportiva e iba también a una academia de refuerzo para la escuela. También participaba en muchas carreras de Getafe o de Madrid. Después, mi hermano creó el equipo de fútbol sala por mí y por algunas amigas que querían también jugar, porque en mi barrio no había y en Getafe creo que había dos. Y empezamos a competir, en Getafe primero y luego nos apuntamos en la liga de Madrid.

¿Entonces fuiste dejando el resto de deportes?

Sí, en kárate el profesor ya veía que llegaba muy cansada y que no rendía igual. Entonces mi madre me dijo que tenía que decidir deportes. Me quedé con gimnasia deportiva y fútbol. Luego, en gimnasia deportiva tuve una caída en la cama elástica y le cogí un poco de miedo y ya no progresé más. Quedé subcampeona de España y primera de Madrid cuando tenía 11 o 12 años y, como vi que ya no podía progresar más, dejé gimnasia y empecé a jugar al fútbol.

En tu caso no veo esa segmentación sexual que observo en el deporte, donde parece que hay deportes de chicas y deportes de chicos. En tu caso has hecho fútbol, que siempre se ha entendido como cosa de hombres pero la gimnasia es más cosa de mujeres.

Sí, encontrabas más chicas que hicieran gimnasia deportiva que haciendo fútbol.

Veo que ha habido un apoyo familiar total.

No. Me apoyó mi hermano, pero mi madre no me dejaba jugar al fútbol. Yo empecé a jugar al fútbol en un equipo a los 12 años, pero desde los 4 estaba dando patadas al balón con mi hermano en la calle. Mi madre se asomaba por la ventana gritando: “deja el balón”, “deja de jugar con chicos que se te van a torcer las piernas”, “vente para arriba, no juegues al fútbol”. Entonces me castigaba y me tenía que subir a casa. Y cuando veía que ya me había relajado, me mandaba otra vez a la calle. Como los chicos seguían jugando al fútbol, yo miraba para la ventana. Y cuando veía que mi madre no estaba asomada, me ponía a jugar con ellos. Y cuando se volvía a asomar, me sentaba como disimulando, como si no estuviera haciendo nada (risas). Entonces cuando mi hermana empezó también a jugar al fútbol, le dio un poco igual. Pero le costó regalarme en Reyes un balón.

¿Y tu padre?

Mi padre no me decía nada a mí, pero yo creo que iba con mi madre. Pero a mi padre le preocupó más cuando firmé en un equipo 11, que ya era en Villaverde, me tenía que trasladar y tenía 15 años. Me decía: “Quién te a recoger?, ¿quién te va a traer a casa?”. Eso ya le gustó menos a mi padre. En esa época no había ninguna ayuda, sólo la que daba la gente del club y los padres de otras compañeras que me llevaban a casa.

Como no había equipo de fútbol, lo creó tu hermano. ¿Era fácil continuar, una vez que se exige sólo equipos femeninos a determinada edad?

Es que antes no había esa opción. Cuando yo era pequeña, no podía meterme en un equipo infantil de chicos. Mi hermano creó el equipo para que jugáramos y tuvimos la suerte de que en Madrid el fútbol sala ya tenía una liga competitiva y había más chicas jugando. Entonces empezamos en la liga de Getafe y cuando vimos que estaba bien, nos metimos en la liga de Madrid de fútbol sala. Y así hasta que el fútbol sala se me quedaba pequeño por mis condiciones físicas y mi hermano conoció a una chica que conocía a otra chica que jugaba en el Villaverde. Por casualidad hice una prueba con ellos y me ficharon para esa misma temporada.

Yo no tenía ni idea de que hubiera equipos de chicas. Había muy poquitos y tenían poca repercusión en los medios. A veces pensaba que era la única chica que jugaba al fútbol. Pero cuando me presenté al Oroquieta cuando tenía 15 años, en el 97/98, vi que eran muchas chicas jugando y no estaba tan lejos de mi casa en Villaverde. Y cuatro meses después empecé a jugar en la selección española sub18, que yo no sabía que existiera. Curiosamente, debuté antes en la Selección española que en la madrileña. Y dos temporadas después me fui a Valencia, porque me ficharon allí en el Levante.

¿Te vas con contrato?

Había un contrato deportivo, pero nada más. El club me pagaba un salario, 125.000 pesetas, que son unos 600 o 700 euros. En esa época estaba muy bien porque ahora no hay ni jugadoras que cobren eso.

¿Qué? ¿Qué ahora no hay jugadoras que cobren eso?

Sí, sí hay, pero no hay muchas a pesar de que han pasado 18 años. Ahora hay jugadoras que cobran 700 euros, pero no tantas. El fútbol está muy mal pagado. Hay chicas que están cobrando 400 euros en clubes de primera división. Entonces de 1ª división sólo pagaba el Levante. Luego se unieron más como el Puebla, que luego desapareció, el Español, el Athletic de Bilbao. El Barça ha progresado porque yo me acuerdo de un Barça-Levante y se jugaba en el parking cuando había partido del Barça masculino.

¿Había muchas jugadoras en ese momento?

Sí, ya en el 2000, sí. Donde te pagaran, no.

Y luego, ¿cómo se va desarrollando todo? Porque tu has jugado en el extranjero.

Mi carrera ha sido por casualidad de conocer a las personas justas en el momento oportuno. Jugando en el Levante, el equipo entró en Champions y jugamos contra el Frankfurt. Ahí se ve que jugué bien y me llamaron. E incluso antes de Frankfurt me fui durante cuatro meses a Estados Unidos porque conocí a María Ruiz, que jugaba allí, donde la liga era semiprofesional.

En Estados Unidos hay un mayor reconocimiento del fútbol femenino. ¿Notas diferencia?

Mucha. Cuando llegué allí me impactó mucho que no tuviera que explicar que jugaba a fútbol. En España, en el 2000 cuando me preguntaban: “¿A qué te dedicas?” y les decía: “yo juego al fútbol”. Y todo el mundo decía: “Ah, ¿pero las chicas jugáis al fútbol?”. “Sí, juego en el Levante”. Y entonces les tenías que explicar... “pero, ¿te pagan por ello?”. Cuando me fui a Estados Unidos ese verano y me preguntaron lo mismo, si les decías que eras futbolista ya no te preguntaban más, sólo querían saber en qué equipo. Cuando he vuelto hace dos años a España he visto que esto también ha cambiado.

Tu trayectoria ha sido guiada por las casualidades, pero ha sido también una trayectoria muy solitaria.

Sí. A ver, lo que he hecho es lo que siempre he querido hacer. Yo sabía qué era lo que quería y siempre lo he estado intentando. Sí que dejas muchas cosas atrás, como amigos, familia, pero también tuve suerte y conocí a Anton y el me conectó con el equipo de Frankfurt, que en esa época había ganado ya tres copas de Europa, tres Champions.

En Frankfurt, en el 2009, firmé mi primer contrato profesional. Aunque llevaba toda la vida jugando al fútbol no habían cotizado por mí nada. Pero es verdad que el fútbol femenino en España ha ido evolucionando.

Hace tiempo he visto alguna declaración tuya sobre la discriminación de las mujeres en el fútbol en España. ¿Están las futbolistas discriminadas?

Sí, totalmente, pero ya viene de hace mucho tiempo. Actualmente, que no tengamos un convenio colectivo como los chicos, no hablamos de dinero, sino simplemente de derechos laborales, ya es discriminatorio. ¿Por qué no puedo tener los mismos derechos que mi compañero? Y luego que las chicas hasta hace muy poco jugábamos por hobby aunque te pagaran 100 euros para gasolina. Esto ha sido un hobby durante mucho tiempo y nosotras no somos conscientes de que esto ya deja de ser un hobby para ser una profesión. Cada vez se nos exige más, pero nuestros derechos no van a más y eso hay que cambiarlo.

¿Por qué crees tú que no sois conscientes?

Porque llevamos mucho tiempo pensando que esto lo hacemos porque nos gusta y por pasión. Vamos a hacer deporte y no nos trataban ni como profesionales y nuestras condiciones eran penosas, muy malas. En 2014, antes del Mundial, jugábamos en campos de arena, en los peores horarios. Y eso no ha mejorado hasta hace relativamente poco.

¿Pero en 2014 ya os pagarían?

No, en general hasta que no entró Iberdrola a patrocinar la 1ª división femenina, no había muchos equipos que pagaran. Hace dos años hubo un salto exponencial, también consecuencia de que España llegó al mundial y todos los medios se volcaron. Entonces entraron espónsores. Ahora es verdad que las jugadoras están todas cotizando en la Seguridad Social y al entrar dinero las jugadoras lo notamos. Son campos en buenos condiciones, buenos servicios médicos, que no tengas que esperar tres meses para que te operen de una rodilla, que tengas tus vacaciones, que tengas unos horarios, los transportes, que tengas un gimnasio. Siempre que vamos a los vestuarios, las chicas nos lo dicen, el dinero es importante y el salario mínimo es importante, pero es que a nosotras, si nos lesionamos, queremos que nos paguen el 100%.

¿Sigue habiendo diferencias entre las chicas y los chicos?

Sí. Las chicas también están preocupadas por si se quedan embarazadas, quién les va a ayudar a volver a su práctica deportiva, porque no es un trabajo normal. Tú dependes de tu cuerpo, entonces alguien te tendrá que ayudar a hacer esa reincorporación laboral.

En este momento en primera división, ¿no hay ninguna jugadora que sea madre?

No. Ahora mismo no hay ninguna. Hay madres pero no biológicas.

¿Cómo ves la actitud de los clubes?

Pues yo la veo muy pasiva, la verdad. Desde que hemos empezado a negociar el convenio colectivo, la veo pasiva. Hasta hace dos días no nos hicieron una oferta y la que nos han hecho no la vemos viable.

¿Es cierto esto que me contaban de que incluso el dinero que llega a través de la financiación de Iberdrola, no siempre se dedica al equipo femenino?

Sí, hemos tenido casos en que parte del dinero que da Iberdrola es con carácter finalista. No todo, hay una parte que a veces que se mete en la misma cuenta que el masculino y luego no llega de ninguna manera al femenino.

En estos 2 o 3 años, ¿crees que se ha producido algún tipo de cambio?

El fútbol femenino se está viendo más, entonces la sociedad lo acepta más. Al ser más aceptado, los padres no tienen ningún inconveniente en que su niña juegue al fútbol, en que se creen más equipos de fútbol y que las niñas se puedan relacionar en ligas mixtas en equipos mixtos. Por ejemplo, en mi club, Madrid club de fútbol femenino, hay 350 niñas jugando.

Dentro de los clubes donde has estado, ¿has sentido diferencia por ser chica?

Sí, esa diferencia siempre existió. La intentaban normalizar, pero no se llegaba a normalizar. El primer equipo masculino siempre fue el primero. En el Levante, se nota que entrenábamos en sitios diferentes. Ellos entrenaban en un campo y nosotras teníamos que ir a otros campos. Ha ido cambiando, pero es verdad que eso ha costado.

Y entonces ¿con quién competíais?

Había equipos pero claro las chicas con las que competíamos eran buenas, aunque no cobraran. El Español era muy bueno, el Puebla de Extremadura o el Sevilla, equipos como el Athletic en esa época no cobraban pero competían como profesionales. Eso es algo que siempre en femenino se ha notado. Siempre nos han exigido. Aunque no hayamos sido profesionales, ha habido jugadoras muy buenas. Y la selección española ahora está dando sus frutos, pero es verdad que ha habido jugadoras españolas que podían haber jugado en un mundial perfectamente pero no se llegó por otras circunstancias. Imagínate si a esas jugadoras se les hubiera dado la oportunidad de ser profesionales todo lo que podían haber progresado. Ahora para las chicas es un poquito más fácil.

¿Cuál es la actitud de los deportistas?

Muy buena, porque intentaban normalizar esos equipos. El primer equipo masculino y femenino hacíamos cenas juntos y para ellos éramos del club. Ellos te ven como una igual. He coincidido con muchos y ahora cuando hice el curso de entrenadora estuve con jugadores que habían ganado Champion y UEFA, y habían sido internacionales muy importantes con su selección y ellos no te ven como alguien diferente. Ellos te ven como una jugadora profesional que ha sido igual que ellos, con la única diferencia de que salarialmente y laboralmente no hemos tenido la misma suerte que ellos. Cuando tú les cuentas cosas, se dan cuenta de lo que ellos han podido tener y tú no, y no por calidad o por talento, sino simplemente por ser mujer.

En España hay muy pocas mujeres entrenando a hombres.

Sí, hay muy pocas, pero en la escuelas cada vez hay más. De todas formas a mí me gusta más entrenar a chicas porque creo que lo más necesario es que haya buenos entrenadores en fútbol femenino, que hasta hace unos años no había. Ponían al padre de alguno, o el primo o el tío, el que tocara, pero es verdad que los entrenadores han progresado mucho. Yo he estado fuera y todo lo vi diferente: ¿Por qué puedo tener yo en Alemania, Suiza, Inglaterra, Estados Unidos... algo y España no? Esa es una de las razones por las que he vuelto, porque quiero que las chicas puedan vivir de esto sin tener que irse a otros países. Y eso hay que cambiarlo de manera brusca o poco a poco. Creo que cada vez son más conscientes de que esto es su profesión, de que laboralmente es su trabajo, que tienen unos derechos y que tienen que exigir esos derechos. Yo creo que cada vez, con iniciativas como hacemos aquí en AFE, se están dando cuenta.

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